Menu

x

Audio en vivo

Get the Flash Player to see this player.

Ver noticias de...

Revisa tu horoscopo

Recapitulación de la “guerra del gas”

Recapitulación de la “guerra del gas”

Quien cree, 10 años después, que la "guerra del gas” de octubre de 2003 fue un movimiento popular para oponerse a la exportación de gas por un puerto chileno puede quedar desilusionado ante la simple relación cronológica de los hechos, que es lo que pretendemos en este trabajo.
Octubre de 2003 comenzó en septiembre, en Warisata, y en febrero negro de ese año; pero también en abril de 2000 con la "guerra del agua”; o con las movilizaciones campesinas por tierra, agua y coca. Octubre probablemente comenzó cuando los indígenas de tierras bajas marcharon en 1990 por dignidad, tierra y territorio…
Octubre es un parteaguas. El fin de un ciclo de excesos liberales, de acuerdos prebendales y hasta casi familiares, de la exclusión por el color de piel o vestimenta…
Y es a la vez el inicio de un nuevo ciclo, con mayor inclusión, aunque igual de polarizado y conflictivo. Un ciclo en el que todavía los actuales y futuros líderes pueden elegir entre la convivencia pacífica entre distintos, o caer en el delirio del poder y la confrontación antes que la complementación. Están a tiempo de no repetir uno de los eventos más dramáticos de la historia: la "guerra del gas”.

Del reencuentro al despeñadero
El antecedente próximo a octubre es febrero de 2003 -los días 12 y 13, para ser precisos-, cuando, producto de la protesta popular por el impuesto a los salarios que el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada aprobó para librarse del fantasma del déficit fiscal, murieron 31 personas y fueron heridas más de 100.
Desde entonces hubo un intento sostenido de reconciliación, promovido por un grupo de laicos de la Iglesia Católica, al que los partidos de la derecha, que eran en esencia los de la coalición gubernamental MNR, MIR, NFR y UCS, se sumaron con optimismo.
Así, el 27 de mayo se gesta el Reencuentro entre bolivianos, que en junio se plasma en un documento ambicioso para pacificar el país, previa consulta a representantes de la sociedad civil.
Para la Conferencia Episcopal de Bolivia (CEB), la firma comprometida de los actores marcaba la diferencia entre vivir en paz o "vivir momentos de dolor y angustia”.
Lo advirtieron los propios obispos católicos a finales de agosto, cuando las señales de fracaso se sentían en la epidermis no sólo del campo político, sino de la sociedad en su conjunto.
De hecho, el Gobierno estrena septiembre con una medida desesperada por incrementar sus ingresos a través de un "borrón y cuenta nueva” en el cobro de impuestos pasados y la condonación de multas e intereses para quienes presentaron facturas falsas o clonadas en los últimos cuatro años, los que internaron autos ilegales o chutos y aquellos que adeudaban impuestos de inmuebles, vehículos y patentes a las alcaldías.
En otras palabras, un programa de regularización o perdonazo para que los contribuyentes se descargaran con facturas.
Pero, dónde iría ese dinero. Según el entonces ministro de Hacienda, Javier Comboni, a cubrir los salarios de cinco sectores: magisterio, salud, Policía, Fuerzas Armadas y rentistas.
Y ya que el Gobierno propuso hablar de impuestos, el Movimiento Al Socialismo (MAS), principal partido opositor, no perdió la oportunidad e hizo pública, por esos días, su propia agenda, apuntalada en el incremento del tributo de las petroleras del 18 al 50%, la reversión de la capitalización, la realización de un referéndum para la definición del puerto de exportación del gas, la inclusión constitucional de una Asamblea Constituyente y -como si fuera poco- el cambio del modelo económico de libre mercado.
El 1 de septiembre, mientras ciertos sectores del Gobierno consideraban un "suicidio” cambiar las reglas del juego a las petroleras, desde Caracollo, en Oruro, partió una marcha de alteños -a la que nadie dio importancia- en protesta por la supuesta venta de gas por un puerto chileno.
Dos días después, como ni unos ni otros -ni oficialismo ni oposición- firmaban el documento del Reencuentro, la Iglesia levantó las manos, aunque el cardenal Julio Terrazas, en indisimulado tono consolador, dijo: "Todavía no hemos fracasado porque no hay una guerra civil”.
Un titular en las páginas interiores del diario La Razón del miércoles 3, basado en palabras de quienes estaban en aprestos de movilizarse, sentenciaba: "El MAS y el MIP se alistan para la ‘guerra del gas’”.
"¿Una ‘guerra’ más?”, se preguntaba la gente, que aún tenía presente los sucesos de abril de 2000 en Cochabamba, la "guerra del agua”, los dos años siguientes -en el altiplano y en el Chapare- por tractores, derogatoria de la Ley INRA, tierra y coca.
Sin considerar los más de 60 muertos que contaron la Asamblea Permanente de Derechos Humanos y el MAS entre agosto de 2002 y agosto de 2003, incluidos los caídos en febrero negro.
Es en estas circunstancias que el Gobierno optó -presionado- por mediatizar y hacer público el debate sobre la decisión para la elección del puerto para la exportación de gas a México y Estados Unidos, conocido como el proyecto LNG.
Claramente, su opción fue siempre el puerto chileno y no el peruano. "Cualquiera puede ver que salir por Chile es más barato”, resumió en una entrevista Jorge Berindoague, entonces ministro de Hidrocarburos.
Los primeros días de septiembre, Evo Morales desahució el Reencuentro: "Si ese documento no cambia el modelo económico, qué sentido tiene suscribirlo (…) Las organizaciones sindicales ya están en marcha, con firma o sin firma, igual las marchas se van a dar”.
El 5 de septiembre se conoció que el gasto corriente en el Gobierno se "disparó” en los primeros seis meses del año. Si en febrero había 56 jerarcas públicos, en agosto los "ricos” del Gobierno eran 61.
La coalición de partidos se defendía: "Se debe a la planilla de sueldos del magisterio y al subsidio en el precio del gas licuado de petróleo (GLP)”.

Fue entonces cuando el discurso gubernamental empezó a virar: el Gobierno, basado en informes de inteligencia, advirtió que Evo viajaba a otros países, como Venezuela, para conseguir fondos con el fin de "convulsionar el país”.

La defensa de Evo Morales
El entonces dirigente y diputado Evo Morales -ante las acusaciones del Gobierno- respondió, según cita el libro De regreso a octubre, publicado por el diario Página Siete: "Nuestras protestas son pacíficas, nosotros no somos los que tenemos los fusiles”, dijo.
Nadie pensaba entonces, quizás ni siquiera él, que la correlación de poder se invertiría dos años después.
El 5 de septiembre, el presidente Sánchez de Lozada ratificó su apoyo al documento del Reencuentro, que en uno de sus puntos comprometía al Gobierno a evaluar la normativa petrolera "para incrementar los ingresos del país”.

"Octubre es un parteaguas. El fin de un ciclo de excesos liberales, de acuerdos prebendales y hasta casi familiares, de la exclusión por el color de piel o vestimenta…”.
Pagina Siete

<< Ver mas noticias

Ultimas noticias

Ver mas noticias
Hosting Gratis BoliviaStreaming.Net Musica Online Hosting Gratis BoliviaStreaming.Net