
La Paz, 02 de ago. Alrededor de 1.000 comerciantes de seis asociaciones asentados en el atrio de la plaza San Francisco decidieron no dejar el área y anunciaron para el lunes una marcha de protesta en contra de la Alcaldía, que aún no decidió cómo hará cumplir su ultimátum de desalojo.
Según los vendedores, que debían ocupar este espacio público temporalmente y sólo hasta que esté concluido el mercado Lanza, el gobierno edil incumplió un convenio que establecía su traslado a una estructura de la calle Evaristo Valle. Los tinglados fueron desarmados por funcionarios municipales para restitutir el tráfico en la vía. Para los gremiales esta zona era una buena alternativa por el alto tráfico de peatones,
“Ahora nos quieren trasladar a la plaza Alonso de Mendoza, donde pasan pocas personas. El mercado Lanza es peor porque es frío y parece un laberinto”, dijo la vendedora de dulces Miriam Mamani.
La Alcaldía dispuso como plazo límite para que los gremiales abandonen el atrio del templo colonial el 1 de septiembre. El director de Gobernabilidad, Pedro Susz, dijo ayer que aún no se ha establecido qué acción tomar respecto a los comerciantes que rehúsan acatar la orden municipal.
Ante esta situación, los comerciantes se declararon en emergencia y decidieron movilizarse desde el lunes en contra del desalojo que, según dicen, pretendería llevar adelante el gobierno edil autónomo.
“Hoy (ayer) sostuvimos un ampliado donde hemos decidido no dejar nuestros puestos de venta porque la Alcaldía ha incumplido sus compromisos; en caso de que nos quieran desalojar a la fuerza, vamos a defendernos y responder de la misma forma”, dijo el representante de la asociación 27 de Mayo, Marcos Salguero.
Otro grupo de comerciantes tiene asegurados puestos en el nuevo mercado Lanza, sin embargo, señalaron que no ingresarán hasta que se desaloje a la totalidad de los comerciantes de la plaza San Francisco.
“La vez que inauguraron el mercado nos hemos instalado en nuestros puestos, pero después hemos visto que otra gente ha venido a ocupar los espacios donde vendíamos. Al final decidimos salir para recuperar nuestro espacio”, explicó Marcela M., vendedora de refrescos.
Las comerciantes critican la mala distribución que se hizo al interior del mercado Lanza y señalaron que las autoridades han actuado con preferencia hacia algunos sectores. “Las pelucheras y las floristas tienen los mejores lugares. A nosotros nos han querido enviar al fondo, donde la gente ni pasa, además tenemos miedo de perder nuestra mercadería”, dijo Luis Mita, vendedor de bisutería.
Duelo de números
1.200 comerciantes están reunidos en torno a seis asociaciones. La Alcaldía sostiene que este número no pasa de los 700. Los gremiales niegan el desdoble de puestos.
No quieren vender en el mercado Lanza
Los comerciantes instalados en el nuevo mercado Lanza afirman que en ese complejo comercial la venta es mínima y admiten que en algunos casos, y por necesidad, decidieron asentarse tanto fuera como dentro del abasto. Afirman que no se trata de un desdoble, sino de buscar un lugar adecuado para vender.
El mercado Lanza fue inaugurado el 16 de julio de este año y fue concebido para albergar a 1.050 comerciantes de diferentes rubros.
A la fecha se han ocupado sólo 800 puestos. El resto estaba previsto para los vendedores que se niegan a dejar el atrio del templo de San Francisco. “Mi hija está vendiendo afuera porque acá el ingreso es mínimo porque viene poca gente. En la calle a ella le va mejor”, informó doña Panchita, una vendedora de ropa de bebé.
Este no es el único caso, otro que se ocupa de hacer tatuajes dijo que en los tres días que estuvo dentro del Lanza sus clientes no pudieron ubicar su puesto. “Estaba en un lugar oculto y en el mercado no hay una señalización adecuada. Mi puesto sigue ahí, pero mejor me va acá afuera”.
Al menos una decena de gremiales consultados por La Razón reconocieron que tienen puestos tanto fuera como dentro del Lanza y coinciden en que les va mejor en la calle. “Ese mercado parece una congeladora, es frío, hasta me duelen mis huesos. Soy una mujer de 80 y no puedo estar en ese lugar”, declaró doña Clarita, una vendedora de ropa.
La Razon